INFORMACIÓN
Cómo editar y vender
un libro con Cultivalibros.
Contacto: Abel de Lamo
Teléfono: 915060975
Pedidos librería: 915392659
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Angel Requena Torres, nacido en Terrassa (Barcelona) de padres cordobeses en 1965. En la actualidad reside en Caldes de Montbui.
Tras muchos años de escrituras y vergüenzas, al fin se decide a publicar ésta, su primera novela que ve la luz.
Otros relatos y poemas suyos fueron a parar a la radio local y a otros medios.
El protagonista de este libro trata de encontrar solución a un problema grave de su jefe y amigo.
De entrada, solo es preocupación pero más adelante se ha de enfrentar con unas fórmulas inusuales para él: la desconexión, la poca información, lo precipitado de este quehacer…
Todo eso manda a hacer puñetas sus planes para las vacaciones de navidad: no hacer nada. Se encuentra, sin querer, maniobrando en temas ajenos.
Es un cuento sobre lo real con una pincelada mística que confunde. Literatura de bisutería que no ha de envidiar a la de oro, por honesta.
Todo lo que se omite, es porque ha sido víctima de la obviedad, quedando así un resumen que solo da fe de lo destacable según los ojos y el subjetivo pensar del autor.
Como en un cuaderno de “pinta y colorea”, quedan espacios a los que el lector les ha de dar nombre, forma y color.
Llamo al aeropuerto para saber del próximo vuelo y reservar sin pensar. En plan demente.
Sí, hoy a las tres. Completo, pero una anulación reciente que me viene al pelo. Pienso en que es otra señal más. ¿El destino la ha dejado libre para mí?
Ya creo hasta en el más allá… todo convencimiento es poco… Pero tengo que llegar a tiempo. ¡Es para la hora de comer y son las tantas! Mejor, así no pienso.
Me convenzo más con este trámite ya hecho. Obliga. Aunque tengo que irme a ciegas, sin más información… Como Marco y su mono buscando a su madre.
Allí no hay aeropuertos. En el país vecino, sí. Así lo tenía marcado él en su laberinto de opciones. Luego enlaza con un tren que cruza la frontera. Tengo que coger este vuelo como sea, si no, no hay otro hasta el viernes.
¡A correr!... Voy apurando en todos los semáforos y cambiando de carril para ganar puestos en las colas y tiempo. No tengo que aparcar. ¡Bendito sea el tener parking!
(...)