Ciencia, Técnica y otras curiosidades del antiguo Egipto

Coleccion Autor

2ª Edición

ISBN: 978-84-9923-986-6
Nº Páginas: 312 pags
Género: Historia
Formato papel
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Autor/es: 

Alvaro Gustavo Vitores González (Madrid, 1959) es Doctor en Ciencias Físicas y Catedrático de Escuela Universitaria de la Universidad Politécnica de Madrid. Imparte clases de Física (1985 - actualidad), así como de Historia de la Ciencia y de la Tecnología (2004-actualidad), para Ingenieros de la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Industrial de dicha Universidad, Centro del que también fue su Director (2000-2004). En esta misma editorial, el autor ha publicado Ciencia y Técnica en el Antiguo Mundo Romano (2010) y Ciencia y Técnica en el Antiguo Mundo Griego (2011), dos obras sobre la contribución de estas culturas clásicas en todos los campos de las ciencias y las técnicas, y La vida, pero vista por un perro (2009), una divertida obra, mezcla de humor y etología canina, en la que transmite la curiosa forma de pensar de su perra Linda (1996-2008).

Título:
Ciencia, Técnica y otras curiosidades del antiguo Egipto

En sus anteriores obras, Ciencia y Técnica en el antiguo mundo romano (Cultivalibros, 2010) y Ciencia y Técnica en el antiguo mundo griego (Cultivalibros, 2011), el autor nos presentó cómo estas dos grandes culturas clásicas se preocuparon, muy especialmente, bien por lo técnico, caso de Roma, bien por el conocimiento científico puro, caso de Grecia.

Ahora, en el presente texto, el autor nos ofrece la visión de cómo el anterior mundo egipcio abrió la puerta que luego permitiría sentar las bases de ambas áreas del conocimiento. Y es que la herencia cultural que le debemos al Antiguo Egipto, aspecto éste a veces injustamente olvidado, fue enorme, abarcando campos que van desde la medicina hasta la matemática, pasando por la astronomía o la química, y sin obviar la arquitectura, el alfabeto e incluso la filosofía.

Para ello, a lo largo de esta obra sobre la Ciencia y la Técnica en el Antiguo Egipto, veremos no sólo los logros constructivos que representan sus enormes pirámides, sus fastuosos templos y las lujosas tumbas excavadas en las montañas, sino su curiosa forma de hacer operaciones matemáticas, el calendario solar del que deriva el nuestro actual, el aprovechamiento químico de todo tipo de sustancias, su avanzada medicina y, como no, su compleja técnica de momificación, todo ello salpicado con anécdotas y curiosidades socioculturales de esta apasionante civilización.

Leer un fragmento:

Las Matemáticas

Dentro de las diferentes ramas de la Ciencia, los antiguos egipcios brillaron muy especialmente en el campo de las Matemáticas, influyendo de un modo notable en el posterior éxito griego en este campo de la ciencia. Y ello, fundamentalmente, por la necesidad práctica del Estado, ejecutada por un amplio y preparado cuerpo de escribas funcionarios, de medir las parcelas de cultivo de las que disponía cada habitante para luego calcular y recaudar los impuestos sobre el producto recogido y contabilizado, así como para reconstruir las lindes de los terrenos, tras ser anegados por las inundaciones del Nilo. Pero también por la necesidad de calcular parámetros arquitectónicos tales como la altura de una pirámide, la inclinación y orientación de sus caras, la longitud de los lados de su base o el volumen de material usado en su construcción.

Así, los matemáticos egipcios eran grandes conocedores de la geometría del triángulo (trigonometría), y no debe descartarse que manejaran ya —aunque quizá no de modo general— el que más tarde sería conocido como teorema de Pitágoras (el cuadrado de la hipotenusa de un triángulo rectángulo es igual a la suma de los cuadrados de sus catetos), que quizá no fuera elaborado por este pensador en la Grecia del s. VI a.C., sino que pudo haberlo traído de su estancia en Babilonia, siendo este teorema conocido además, seguramente de un modo independiente y por la misma época, en el mundo chino. Los egipcios también sabían calcular los volúmenes de algunos cuerpos geométricos, como el cilindro (lo cual, aún de un modo inconsciente, conlleva implícito el número pi) o el paralelepípedo rectángulo (el papiro Rhind incluye varios ejemplos de cálculo de volúmenes de graneros de base circular o rectangular), o el volumen de la pirámide, algo necesario, por ejemplo, para poder estimar el número de piedras o ladrillos precisos para levantar una construcción de este tipo. Y también, ya en el segundo milenio a.C., los egipcios conocían la relación constante que existe entre la longitud y el diámetro de una circunferencia, o entre la superficie de un círculo y el cuadrado de su radio, esto es lo que luego sería el famoso número pi.