La sombra del vampiro

Coleccion Estudios

Su presencia en el séptimo arte

ISBN: 978-84-15534-33-4
Nº Páginas: 102 pags
Género: Ensayo, Cine
Formato papel
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Autor/es: 

Leoncio González Hevia (Illas, España 1970) escritor de La sombra del vampiro. Su presencia en el séptimo arte (Madrid 2012), obra que trata en torno a unos seres de gran presencia en la ficción y aún en la vida cotidiana, ya sea en el tercer sentido que le da el Diccionario de la RAE en su tercera acepción -persona codiciosa que abusa o se aprovecha de los demás- ya en los que denotan, con mayor o menor carga espiritualista, debilidad por el encarnado caudal que circula por las venas.

Título:
La sombra del vampiro

De la lectura de estas páginas cabe esperar la sorpresa que experimentarán muchos al ver que nuestro autor califica de «cine religioso» a este género por el que Drácula y otras noctámbulas criaturas se mueven con solvencia. La razón para colocarle tal etiqueta a estos filmes, hemos de buscarla en una filosofía de la religión que reconoce como núcleo de la primera fase de la misma a entidades dotadas de voluntad, a númenes o animales con los que los hombres del Paleolítico se relacionaron. Si estos, los animales, fueron los primeros dioses, sus atributos contribuirán, en una segunda fase de religiosidad, a construir criaturas híbridas como puedan ser los vampiros. Se trata, en definitiva, y así lo hace González Hevia en torno a esta cinematografía y la literatura que la sustenta, de demostrar la divina animalidad de los vampiros, circunstancia que le sirve para, con gran erudición, exponer las discusiones históricas en torno a estos seres. Se abre de este modo, una disyuntiva consistente en, por una parte, una teoría demoníaca que permite que el Diablo pueda resucitar difuntos que darán lugar a vampiros; y una segunda de carácter divino que consistirá en la transferencia al Demonio, por parte de Dios, de tal poder. Un problema que encontró solución, desde la racionalidad católica, en la afirmación de la inexistencia de tales númenes, que quedarán desplazados al terreno de lo fantástico.

Pese a todo, y dejando atrás unos debates en los que participó el propio Sto. Tomás, al auxilio de la operatividad fabuladora del mito, acudirá la Medicina, sirviendo ejemplos de catalepsias y entierros prematuros –el lector recordará aquí el relato de Poe-, pestes, hematomanías, necrofilias y otras patologías hábilmente explotadas por avisados escritores, periodistas y cineastas.

Es tras esta profunda y concisa introducción, sustentada, por otra parte, en interesantes indagaciones etimológicas, cuando González Hevia comienza el exhaustivo repaso por una cinematografía que le permitirá, no sin una ironía muy de agradecer, ir desgranando un gran número de películas en las que, unidas a consideraciones históricas o técnicas, el autor ejerce la crítica sin renunciar a mostrarnos sus gustos estéticos aplicados tanto al séptimo arte como a los intérpretes y directores que han hecho posible la terrorífica y a veces erotizante confección de tal género.

Reseña en danielestulin.com

Leer un fragmento:

NOSFERATU, EL VAMPIRO (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens: Nosferatu, una sinfonía del horror) es una película fabricada tras la Primera Guerra Mundial, fechada en 1922, y dirigida por el excelente director alemán Federico Guillermo Murnau. Murnau quiso realizar una adaptación cinematográfica de la novela Drácula, de Bram Stoker, pero a su estudio se le olvidó adquirir los derechos de autor, de modo que decidió filmar su propia versión de la novela y el resultado es una película que tiene un evidente y lógico parecido con la historia original de Stoker. El nombre de Drácula se cambió por el de Nosferatu y también se cambiaron los nombres de los personajes: el Conde Drácula es aquí el Conde Orlok, Harker es Hutter, Mina es Ellen y la Inglaterra victoriana es la ciudad de Viborg, o de Bremen en la versión francesa, así como también en la inglesa. Stoker halló el término «nosferatu» en un capítulo de Supersticiones de Transilvania y en la crónica de viajes La tierra más allá del bosque, obras ambas del escritor británico del siglo XIX Emily Gerard. La «Tierra más allá del bosque» es lo que significa literalmente «Transilvania» en latín. Stoker empleó el término «nosferatu» como un calco del inglés «undead» o «no-muerto». Esta atribución es falsa, puesto que la palabra «nosferatu» carece de significado conocido en fase histórica alguna del rumano. Dos palabras candidatas a servir de origen a «nosferatu» son «necuratul» y «nesuferitul», traducibles como «el diablo» y «el insufrible», respectivamente. Una etimología alternativa sugiere que el término proviene originalmente del griego «nosophoros» (νοσοφορος), es decir, los agentes transmisores de enfermedades. La película de Murnau incide particularmente en este tema de la enfermedad. La productora de Nosferatu, denominada Prana (en sánscrito «fuerza vital», de profunda significación para los teósofos de principios del siglo XX), fue financiada por una secta ocultista encabezada por Albin Grau, asimismo director artístico de la película. La viuda de Stoker demandó a los fabricantes de la película por infracción de los derechos de autor y ganó el juicio. El tribunal ordenó que se destruyeran todas las cintas de Nosferatu, pero un reducido número de copias de la película ya había sido distribuido por todo el mundo y permanecieron escondidas por particulares hasta la muerte de la susodicha. Existe un gran número de copias en vídeo de la película, hechas a partir de otras copias de las primeras cintas distribuidas para su exhibición internacional. Recientemente se han publicado ediciones restauradas. La reconstrucción más fiel de la película fue presentada en el Festival de Berlín de 1984. Nosferatu es una de las mejores películas que existen sobre el mito del vampiro y sobre todas las cosas de este mundo, rodada en escenarios naturales, una práctica poco habitual que la aleja de los postulados del cine expresionista alemán. Abundantes planos de Nosferatu están inspirados en pinturas románticas. Nosferatu, una sinfonía del horror es una obra de una belleza casi diría que inabarcable.