cOLECCION CULTIVA
volver      
 

Podemos estar contentos

 

 

 

 

 



  Fernando Gil Cervel_____________ 
            Hasta donde alcance la memoria


AUTOR: Fernando Gil Cervel

Fernando Gil Cervel (Navafría 1949) estudió Magisterio en Segovia y Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid, en la que se licenció en 1974. Profesor de Bachillerato en diferentes Institutos, ha desarrollado sus últimos veinte años de docencia, como Catedrático de Lengua y Literatura, en el Instituto “Isidra de Guzmán”, de Alcalá de Henares.

TÍTULO: Hasta donde alcance la memoria

Sensualismo, añoranza, infancia, olores y recuerdos de todo tipo jalonan este espléndido librito de las vivencias personales de Fernando. Pero no son sólo sus vivencias las que se ofrecen en estas páginas. En este escrito, podemos ir viviendo, y sobre todo, oliendo muchas de las sensaciones que todos hemos sentido en nuestra infancia…

LEER UN FRAGMENTO: Hasta donde alcance la memoria

La casa ocupaba la otra mitad del edificio. Por una ancha puerta con una hoja fija y la otra partida en dos mitades se accedía a un amplio portalón en el que se amontonaban en otoño algunos productos tardíos recogidos en las huertas: berzas, nabos, patatas…En este mismo espacio, limpio en Navidad, montábamos un nacimiento de campos de musgo, ríos de plata y estanques de cristal. A la derecha del portal se encontraba la sala con dos alcobas. La madera era el material de suelos y techos. Las tablas anchas del techo, clavadas en robustos machones, ofrecían en los ratos de insomnio todo un retablo de figuras que en las vetas y en los nudos dibujaba la imaginación. Todavía recuerdo muy bien dos plantas de helecho, el cuerpo de un oso, la cabeza de un jabalí y una mano abierta mostrando la palma.

Al fondo del portal, también a la derecha, una puerta daba acceso a la cocina, tan grande como la sala. Un umbral de madera dividía en dos el suelo de la cocina. Sobre una enorme piedra de molino, aprovechada para solar gran parte de esta estancia, una cocina económica ocupaba el lugar destinado años antes a una lumbre baja de la que todavía se conservaba la campana de obra. Junto a la cocina, algo empotrada en el hueco de la escalera, estaba la despensa, con un arcón, una mesa de matar cerdos sobre la que se curaban, enterrados en sal, los jamones frescos y una fresquera de tela metálica que conservaba dentro los alimentos a salvo de las moscas.

(...)

 

 
 
 
 
 
 
volver                
                 
 
Edición de libros