Fernando Grijalba López_____
Andrea, la del pantano
AUTOR: Fernando Grijalba López
Fernando Grijalba López
(Zaragoza 1958), está vinculado
desde la infancia a Villarcayo y
Medina de Pomar (Burgos).
Funcionario Público, Jefe de
Gabinete en el Ministerio del
Interior, Grafólogo y Máster
en Grafología por la Escuela
de Criminología de Cataluña.
Concejal del Ayuntamiento de
Miranda de Ebro (1999-2007)
y Diputado en la Diputación
de Burgos (1999-2003).
Esta es la primera incursión
que hace en el mundo literario.
Con esta obra inspirada
en una leyenda urbana en
torno al Pantano de Sobrón
(Embalse del Ebro), invita al
lector a sumergirse en una
apasionante historia de amor,
venganza, locura y muerte en
el Valle de Tobalina (Burgos).
TITULO: Andrea, la del pantano
En Quintana Martín Galíndez (Burgos),
hace varios días que una joven huérfana
empleada del Casino El Progreso
Tobalinés, Andrea Román, está desaparecida.
Su único hermano, Guardia Civil
y Jefe del Acuartelamiento, ordena suspender
la búsqueda cuando, un pescador
furtivo, le hace entrega del vestido
ensangrentado que ella llevaba el día de
su desaparición.
Mientras tanto, Eduardo, rico empresario
del café y amante de Andrea, cree
ser el único conocedor de ese misterioso
suceso, secreto que guardará hasta
la muerte.
LEER UN FRAGMENTO: Andrea, la de pantano
Monasterio de Clarisas de San Martín de Don. Conocía por
boca del letrado la necesidad de un buen repaso a parte del
tejado y algunas estancias de las monjas. Dicha aportación
fue muy bien recibida ya que, aunque en el Valle vivían
algunas familias influyentes, Don Tomás era hasta el
momento un desconocido y no eran muy habituales gestos
tan significativos en una época en que el país no se encontraba
precisamente en una situación de privilegios económicos.
La casa de Quintana Martín Galíndez y las tierras
quedaron bajo el encargo del letrado medinés, quien lo confió
a una familia trasladada recientemente de Gabanes, ocupándose
de la restauración del palacete y el arriendo de las
tierras por cuya labor percibirían un salario envidiable y el
permiso para residir en un añadido de la hacienda que
Apolinar no llegó a utilizar nunca.
De vuelta en La Pedrera, la rutina fue apoderándose de
Tomás mientras Laura se integraba poco a poco con los
vecinos de la zona. Villa Laura fue centro de atención ya que
desde el regreso de la luna de miel, era frecuente que se dieran
fiestas en las que apenas faltaba vecino alguno del pueblo. Aunque no fueran empleados de sus tierras, Tomás
ayudaba a todo aquel que lo demandara. Quería sentirse a
gusto en la tierra que amaba y que le había visto crecer. Los
escasos seiscientos habitantes tenían entre sí una muy
buena relación, a pesar de que aún tenían a flor de piel el
recuerdo de un penoso conflicto con el vecino pueblo peruano,
a finales de 1911, por el interés en la posesión territorial
de una amplia zona de la selva del Amazonas.
(...)
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