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Ayuntamiento de Sanlúcar la Mayor__________
II Certamen de relato corto "Lorenzo Mercadante"
TÍTULO: II Certamen de relato corto "Lorenzo Mercadante"
Amigos y amigas:
Es para mí un gran honor presentar de nuevo esta publicación que ve la luz por segunda vez. Desde el equipo de gobierno, concretametne, desde nuestra Concejalía de Cultura, hemos querido apostar por la palabra. ¿Qué mejor manera de sentirse ciudadanos libres que con la oportunidad de dejar que los sentimientos y las ideas afloren sobre un papel en blanco!
La publicación de estos relatos que hoy ven la luz, es fruto de un proyecto que se va consolidando poco a poco, como la fruta que necesita su tiempo en el árbol. Un proyecto que, cada vez, está más ligado a nuestra localidad y que, queremos, con los años, convertir en un referente en nuestro panorama literario.
De nuevo, quiero mostra mi agradecimiento a la Obra Social Cajasol, que ha creído en nuestro proyecto desde el principio, a todos los que han hecho posible este libro de relatos y , como no, a aquellos que han tenido la valentía de sentarse a escribir delante de un folio en blanco. Ojalá que este proyecto siga creciendo cada año. desde el ayuntamiento lo deseamos de crazón.
Juan Escámez Luque.
Alcande-Presidente de Sanlúcar la Mayor.
LEER UN FRAGMENTO: II Certamen de relato corto "Lorenzo Mercadante"
Eran las 10 de la mañana cuando la calle Marquesa Viuda
de Saltillo nos recibía con su alfombra de adoquines, y
el decidido cortejo del que yo era protagonista adquiría sobre
ella tintes de entrañable comicidad. Mi madre, con tacones
de excesiva altura, peinado rematado en moño y el carrito de
la compra vibrando escandalosamente en su diestra, buscaba
dónde pisar con seguridad sin perder prestancia. De su mano
izquierda iba yo, ornamentándola pudoroso y manso, bañado
en agua de colonia pero oliendo a pan tostado y mantequilla.
Unos metros por delante y de riguroso negro, farfullaba la
vieja Encarna. Con una energía insospechada a su edad marcaba
el ritmo acelerado que desbarataba aún más nuestra estampa. Portaba una llave, con ella entraría a una de las
experiencias más reveladoras de mi vida, y el imponente portalón
que debía abrir era un ente vivo que me observaba ya a
corta distancia. El cielo, inmenso, que en breve estaría inundado
de sol con el transcurso de la mañana, contenía el caótico
vuelo de vencejos y golondrinas de la misma forma que
mi estómago contenía mariposas de excitación. Corría el mes
de julio de 1974.
(...)
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