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Amelia Agulló López_____
La casa de los tréboles
AUTORA: Amelia Agulló López
Amelia Agulló López nació en Calahorra, La Rioja. Afincada en Zaragoza desde niña, cultiva el género literario de la narración corta y el relato. Primer premio y Flor Natural en los Juegos Florales del Cercle de Barcelona y finalista en el IV Premio de Relatos de Ibercaja (Zaragoza), en el XII Premio de Literatura Epistolar Amorosa de Calamocha (Teruel) y en el II Premio de Relatos Hiperbreves “La Molineta”, de Molina de Segura (Murcia).
Dirige y coordina la revista literaria AMISTAD 33, órgano de expresión del Club Cultural 33, de Zaragoza. Pertenece a la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro.
LIBRO: La casa de los tréboles
Dominando una prosa ágil e impregnada de ternura, Amelia Agulló nos va conduciendo a través de estos dieciocho relatos intimistas por el siempre sorprendente laberinto de los sentimientos. Escritos casi todos en primera persona, sus relatos son pinceladas con las que la autora va componiendo un bello mural donde están presentes el amor y el desamor, el aliento y el desaliento, pero siempre, como fondo, un canto a la vida y un inequívoco mensaje de esperanza. Sirva de ejemplo este fragmento, tomado del último de sus relatos y dirigido a una mujer maltratada: “...ponte tus mejores galas, arregla tus cabellos, maquilla tus ojos para que no se aprecien tus ojeras, perfuma tu cuerpo, ponte unos zapatos de tacón alto, pisa fuerte asegurando el paso y di en voz muy alta, creyéndote tu grito y reafirmando tu dignidad: YO, LA MUJER”.
LEER UN FRAGMENTO: La casa de los tréboles
Como quien transporta un cochecito de bebé, así, con el
mismo mimo y con la misma ternura, te acompaño
cada día hasta el rincón más confortable de nuestro jardín.Tu
presencia, sólo física, es el testigo fiel de que estás vivo. Te
miro a los ojos esperando una reacción de tus pupilas, un atisbo
de comunicación, una señal de esperanza, pero siempre
tropiezo con esa mirada inexpresiva, ausente… ¿Por qué,
amor? Si todo a nuestro alrededor está lleno de vida, si la
naturaleza habla hasta acerme daño, ¿por qué tú no, amor?”.
Recuerdo que esta reflexión la escribí en mi diario tiempo
atrás, cuando tú aún estabas conmigo y yo sentía esa soledad
en compañía, ese cansancio de cuidarte con esmero y no ver
ningún adelanto en tu recuperación. La enfermedad se cebó
en tu cuerpo y todo se volvió noche en mi vida. Cada amanecer
era preámbulo de una tragicomedia donde se mezclaban
la risa y el llanto. Tú nunca viste mis lágrimas. Las guardaba
para mi intimidad. En cambio mi sonrisa fluía en tu presencia
como un regalo de buenos días. Así fue pasando el tiempo
hasta que una amarga noche me quedé con la sonrisa helada,
las lágrimas secas, las manos vacías, el alma afligida,mientras
tú, con la paz reflejada en tu rostro, dejabas marchar tu
alma y me dejabas sumida en la más honda tristeza.
(...)
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