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Juan Pablo Crespo_____________________
Crónicas desde Siria: Notas personales de una estancia en Oriente
AUTOR: Juan Pablo Crespo
Juan Pablo Crespo Almarza vio la luz
en una granja de Ajalvir (Madrid) en
1958. Dedicado gran parte de su vida
al trabajo en una multinacional farmacéutica,
continuó su trayectoria vital
en una asociación y organización no
gubernamental dedicada principalmente
a los Derechos Humanos y la
solidaridad, donde también colabora y
publica algunos artículos y entrevistas
(Pueblos: revista de Información y Debate).
De espíritu inquieto, dialogante
y divulgador, viaja en cuanto le es posible,
y así se acerca al Próximo Oriente
en diversas ocasiones, empapándose
de la entrañable cercanía de sus gentes.
Hoy, al hablar de sí mismo se define
como un humanista que goza del contacto
con el otro, con el aprendizaje
continuo y que es incapaz de quedarse
inmóvil ante las injusticias. Gustoso
de la lectura, el conocimiento y el
pensamiento crítico, así como de la
conversación animada, ha descubierto
en la narración y la escritura una
manera de expresión y diálogo que le
permite compartir sus experiencias
y reflexiones.
TÍTULO: Crónicas desde Siria: Notas personales de una estancia en Oriente
En estas crónicas el autor nos expresa la novedad
que para él supone vivir una experiencia compartida
en Damasco, donde se sufre, se aprende y se
goza en el día a día. Una vida cotidiana en Oriente
que se torna extraña y al mismo tiempo muy cercana
para una persona occidental. Desde la vivencia
personal, estas quince crónicas surgen de la necesidad
de comunicar las dificultades, los descubrimientos,
los encuentros y los disfrutes de una vida
normalizada en la capital siria, así como las agradables
experiencias de viajes de ida y vuelta para
conocer y aproximarse un poco más al país.
LEER UN FRAGMENTO: Crónicas desde Siria: Notas personales de una estancia en Oriente
Si por algo hubiera podido decirse que estuvo marcada su vida, fue por la discreción, más tarde pude darme cuenta, que se trataba de una virtud difícil donde las hubiera.
Pareciera conferirle un semblante interesante y señorial donde se notaba que la gente, cuando estaba con él, se sentía cómoda, pero sin duda, se trataba de un rasgo de su carácter nada sencillo de sobrellevar.
Era como si se hubiese esculpido lentamente, “sangre, sudor y lágrimas”, con gran entrenamiento y disciplina, hasta llegar a practicarlo y convertirlo en su manera propia de ser y sentir las cosas, especialmente las trascendentales, de las que en escasas ocasiones se le oía pronunciarse.
Habían transcurridos más de treinta años desde que nos dejó y hoy, me encontraba sólo frente al viejo arcón de madera de roble tallada con formón y martillo.
(...)
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