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Juan Campos Payo _____ _ _____________
Diálogos con la Historia. Padilla y Garcilaso
AUTOR: Juan Campos Payo
Juan Campos es un escritor toledano, autor y editor de diversas guías turísticas, de las cuales, la titulada Esto es Toledo, ha sido considerada durante años una auténtica referencia para miles de visitantes de la Ciudad Imperial. Ha cursado estudios de His-toria del Arte y Filosofía, y su andadura profesional se ha desarrollado en el sector turístico, permitiéndole viajar prácticamente por todo el mundo.
En la actualidad, se considera un ciudadano del mundo, aunque continua residiendo en Toledo, su ciudad natal, la misma a la que Cervantes, el inmortal autor del Quijote, describiera como “Peñascosa Pesadumbre, Gloria de España y Luz de su Ciudades”.
TITULO: Diálogos con la Historia. Padilla y Garcilaso
Un periodista de nuestra época viaja en el tiempo para entrevistar a dos famosos personajes toledanos del siglo XVI: El Comunero Juan de Padilla, que encabezara la rebelión contra el todo poderoso emperador Carlos V, y el poeta Garcilaso de la Vega, “El claro caballero de rocío”, fiel seguidor, en cambio, del mencionado monarca. En consecuencia, ambos se verían obligados a combatir en bandos diferentes, y por tanto, su visión de la España que les tocó vivir resulta, no ya diferente, sino absolutamente antitética. Juan de Padilla nos relata los orígenes y razones que motivaron la llamada Revolución de las Comunidades, así como los diversos avatares de la guerra contra las tropas del emperador, hasta la derrota final de los Comuneros en los campos de Villalar. Garcilaso de la Vega, aunque como queda dicho, participó asimismo en dicha contienda, centra su charla fundamentalmente sobre aspectos de su vida como poeta y soldado, una vida azarosa y aventurera que le llevó a guerrear sin descanso por España, Italia, Francia y Norte de África, hasta que finalmente encontró la muerte a una edad temprana en la Provenza francesa.
LEER UN FRAGMENTO: Diálogos con la Historia
No obstante, algunos de aquellos médicos aconsejaron la conveniencia de romper el prolongado aislamiento de la reina, en la confianza de que dicha medida podría contribuir a mejorar su estado, y así lo hicimos, puesto que tampoco había nada que perder. Se le permitió pues, que recibiere más visitas, incluidas las de diversos
embajadores de Cortes extranjeras, con la esperanza de que la noticia de su posible mejoría fuere conocida por doquier, y sirviere para justificar que, llegado el momento, estaría en condiciones de ceñir la corona de Castilla. Pero doña Juana no experimentó demasiada mejoría, al menos, no en la medida que hubiéremos deseado, pues su comportamiento continuaba siendo tan errático e imprevisible como siempre, lo que daría lugar a alguna que otra embarazosa situación, que tan solo lograríamos ocultar apelando a la buena fe y discreción de los testigos. Yo mismo, hube ocasión de
visitarla con frecuencia, pues la reina seguía distinguiéndome con su afecto, lo cual me permitió presenciar algunos de aquellos repentinos y desconcertantes cambios de humor. Por otra parte, la reducida servidumbre que la atendía, gentes todas ellas de nuestra entera confianza, nos revelaron que a veces la reina permanecía jornadas enteras en el lecho, sollozando desconsoladamente y negándose a ingerir alimento alguno, sin que en tales circunstancias, nada ni nadie pudiera hacerle variar de actitud”
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