| |
|


|
|
Aurelinao Martín
El Muro
AUTOR: Aureliano Martín
Aureliano Martín nació en
Montehermoso (Cáceres) donde
trabaja en la actualidad
como profesor de Administración
de Empresas en el IES Gabriel
y Galán. Fue alcalde
durante varios años en dicha
localidad.
En 2.005 realizó un documental
titulado Pinto, el joven
Guerrillero, que fue la base
de su primera novela: Pinto,
el desván de la memoria, la
historia de un guerrillero en
los montes extemeños.
TÍTULO: El Muro
PERLAS NEGRAS
De repente el cielo azul se llenó de oscuras nubes,
Desplegando un manto negro sobre aquella tierra
Y como lluvia dejó caer perlas negras
Que le gente recogió sin pensar en más
Creen que al fin ha llegado su salvación
Pero de repente se dan cuenta
De que las perlas están manchadas
Por la misma materia que las engendró.
Al ver sus manos sucias,
Corren a lavarse en ese río
Que baja con aguas de plata,
Dejando caer lágrimas sombrías
Lluvia negra
Para esta tierra dura
Que no quiere que el futuro
Venga en una nube oscura
Con perlas negras nos quieren comprar
Pero nunca nuestra alma podrán manchar.
LEER UN FRAGMENTO: El Muro
Le despertó el atronador ruido del teléfono. Miró hacia el
reloj, que estaba sobre la mesilla, y marcaba las catorce
treinta. Después de unos pequeños cálculos mentales, se
percató de que eran las nueve de la mañana. Buscó el paquete
de tabaco, sólo le quedaba un cigarrillo y lo encendió.
La noche anterior se había acostado un poco tarde, a las
cinco de la mañana, algo que no era muy habitual en él. Sin
embargo, aquellos días en que la familia se había marchado
a las playas de Huelva, apuraba los momentos; casi tanto
como los cubalibres a los que tampoco era muy asiduo.
Luego, la mañana le pasaba factura. A sus cuarenta y tantos
ya no se podían cometer muchos excesos. Tal vez se quería
vengar, no se sabe muy bien de quién, porque aquel verano él no podría gozar de vacaciones, ya que su empresa le había
encargado la apertura de una sede comercial en Madrid.
Buscó las zapatillas y no las encontró. Descalzo, tratando
de colocarse los pantalones, fue al comedor, levantó el auricular
y escuchó la voz estridente de Leandro que, a esas
horas y en ese día, sonaba como una sentencia de muerte.
(...)
|
|