cOLECCION CULTIVA
volver      
 

Podemos estar contentos

 


Comprar libro

 

  Roberto Sanz Naranjo_
                 La lluvia de oro

AUTOR: Roberto Sanz Naranjo

Roberto Sanz Naranjo (Madrid, 1955) publicó a finales de 1980 un pequeño volumen de cuentos titulado Narraciones casi reales. En 1981 prologó Piedra y Gótico, de J. Martín; y en 1984 autoeditó la novela El Tesoro de Rommel. Todavía en ese mismo año, colaboró en el guión, producción y rodaje de un corto titulado Alba, participando también como actor. Presentado en la 6ª Semana de Cine Español de Carabanchel, en la sección de Vídeo amateur, quedó finalista, proyectándose, en pantalla grande, en el cine Los Ángeles, de Madrid. Fue en 1985 cuando se publicó una adaptación novelada del guión de Alba, con el título de Alba o el hombre del paraguas blanco, con textos del autor. En 1988 publicó una extensa introducción en Mi amor por el cine, de J. Martín, así como unos cuantos dibujos en uno de los libritos de Jorcón. En 1992 autoeditó la novela Syldavia o el Soñador errante, de tema tintinesco. En los últimos años ha participado en diversas conferencias y mesas redondas en torno al universo de Tintín.

TÍTULO: La lluvia de oro

En agosto de 1997, María y Roberto vuelan a La Habana en viaje de vacaciones, con la idea de pasar unos días en la ciudad y recorrer la isla, anhelando conocer Cuba y sus gentes y llevando consigo ayuda humanitaria que deberán entregar a sus destinatarios. Ambicionan integrarse con la comunidad cubana, por lo que hacen algunas amistades, sobre todo con un grupo de músicos en un local para turistas de La Habana Vieja. Visitan Finca Vigía, donde el mítico escritor norteamericano Ernest Hemingway vivió durante 20 años, y los lugares y monumentos más típicos, mientras se mezclan con los cubanos para averiguar su manera de sobrevivir durante el Período Especial, qué piensan, qué sienten y cómo viven. Tras La Habana viajan a Trinidad, contactando con una pareja de italianos con los que comparten aventuras y turismo a lo largo de varios días. Entablan amistad con Mercedes, la matrona encargada de una pensión familiar; con Víctor, el muchacho negro que les alquila una vivienda; con las niñas de un orfelinato; con Eldié, un adolescente mulato, mitad pícaro, mitad cándido; o con la familia Albalat. Tras su paso por Trinidad y Casilda, por la Laguna del Tesoro para ver los cocodrilos y la playa, acaban en Varadero, donde se reencuentran con los italianos. Roberto y María regresan a La Habana, y consumen sus últimos días frecuentando La Lluvia de Oro y a sus amigos músicos. La pareja ha querido, en todo momento, hacer algo más que turismo durante su periplo por la isla; han corrido algunas aventuras, se han amado y han conocido gentes y lugares que nunca olvidarán.

LEER UN FRAGMENTO: La lluvia de oro

El barrio de El Vedado era bastante diferente de La Habana Vieja; al fin y al cabo como suele ocurrir en todas las ciudades del mundo. Era más moderno, naturalmente, aunque todavía conservaba algunos caserones coloniales tan deteriorados como los de Centro Habana. Una mayor abundancia de vegetación, parques deslucidos y grandes avenidas arboladas conferían al barrio una apariencia menos decadente, más cosmopolita. El nivel económico, aun con las mismas carencias impuestas por el Período Especial, el bloqueo norteamericano y la desidia del gobierno era más elevado que en La Habana Vieja. Estaba habitado por una población mayoritariamente blanca, a diferencia de La Habana Vieja en la que se asentaban una mayoría de negros y mulatos, además de una pequeña comunidad de blancos constituida por familias más menesterosas que sus hermanas del Vedado o Miramar. En fin, en El Vedado había un mayor poder adquisitivo, si hubiera algo que adquirir; si bien con dólares norteamericanos se podía comprar casi de todo a precios abusivos en diplotiendas o de contrabando.

El Vedado era el auténtico centro neurálgico de la ciudad. En él estaban establecidos la mayoría de los hoteles de lujo, la mayor parte de las tiendas, los restaurantes y locales de diversión, las compañías aéreas extranjeras y los organismos oficiales. Pero no por ello faltaban los grandes murales con slóganes políticos o los pequeños letreros con el lema: “En cada barrio Revolución”.

 

(...)

 

 
 
 
 

 

 
 
volver                
                 
 
Edición de libros