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  Alexandra Fox_______  
                       Sueños dorados


AUTORA: Alexandra Fox

Alexandra Fox procede de Sanlúcar de Barrameda, provincia de Cádiz.

Colabora habitualmente en programas de radio y TV. Da conferencias de erotismo, para parejas a partir de los cuarenta años y para jóvenes a partir de los veinte. También ha realizado incursiones en el mundo de la publicidad, como modelo. Toda la vida ha tenido una gran inquietud por la literatura y por escribir sus propias fantasías. Ha realizado trabajos de poesía, literatura biográfica, y por último, ha derivado su literatura hacia los cuentos eróticos. Finalista en varios premios poéticos y de relatos cortos. En junio de 2008 participó en un concurso organizado por el Centro de Estudio Poético, siendo semifinalista con el microrrelato Sueños Dorados, que da título a este libro.

TÍTULO: Sueños dorados

Veintidós relatos llenos de erotismo, con colores, encuentros y sensaciones mediterráneas.

“He decorado mi cuarto de baño con velas doradas, esparciendo sobre el agua espuma conolor a rosas. He apurado una copa de champagne rosado y he escuchado una música sensual y suave.

En la penumbra de las velas, he dejado deslizar mis dedos hacia mis senos y los he acariciado. He seguido deslizándolos hacia mi vientre y... he llegado a mi intimidad”.  

LEER UN FRAGMENTO: Sueños dorados

No me dejé llevar por cantos de sirenas como Ulises, pero me dejé amar y sobar por dos elementos insaciables que me sorteaban a su gusto y a su placer. Discutiendo sobre a cuál de los dos le tocaba gozar conmigo.

En la playa, tendida en la arena, pensaba en él. Era como si le hablara a través de la brisa, le enviaba mis deseos de estar a su lado, le deseaba desmesuradamente. De pronto, sentí como un irresistible bochorno y me metí en el mar.

La temperatura era fantástica. De pronto, me sobrecogí, noté que el mar me acariciaba, gozaba conmigo... Era tanta la pasión que se apreciaba en sus manos saladas, que notaba cómo palpaban mi cuerpo, llegando a invadir toda mi materia.

Sus suaves olas acariciaban mi vientre, mis caderas, de nuevo mis pechos, invadiendo mi intimidad y anulando mi voluntad, poco a poco. Me había encadenado; me había hecho su prisionera, su juguete, con el cual se entrelazaba para amarme con descaro, me mecía a su antojo, jugueteaba
a su placer con mi cuerpo, disfrutándolo con verdadera voluptuosidad, notando sus sacudidas de placer.

(...)

 
 
 
 

 

 

 
 
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